Por Ramiro Grau Morancho para Aragón Liberal

Treinta y cinco años después de la traición y abandono del gobierno español al pueblo saharaui, vemos que la tragedia no sólo continúa, sino que se agrava.

El gobierno dictatorial de Marruecos sigue explotando las minas de fosfatos y los bancos de peces frente al Sahara, en perjuicio de sus legítimos propietarios, y se niega a hacer el referéndum a que le obligó la comunidad internacional, representada por la ONU, para que los nativos del territorio puedan optar por la independencia, y la consiguiente constitución de un nuevo estado.

Nación que utilizaría el español como lengua oficial, la segunda en África, pues en Guinea Ecuatorial también es el idioma más utilizado, por mucho que le pese al sátrapa Teodoro Obiang.

Los saharauis actuales son alrededor de 300.000 personas, y su causa es defendida por el Frente Polisario, teniendo su sede el gobierno en el exilio en los campamentos de refugiados de Tinduf, en Argelia, lugar al que huyeron para evitar ser asesinados por las fuerzas de seguridad marroquíes.

Esas mismas fuerzas que acaban de asesinar a un chico de 14 años, la misma edad que mi hijo, y cuyo cadáver se niegan a entregar a su familia para que pueda darle cristiana sepultura.

La actuación de España en el Sahara fue vergonzosa; me atrevo a calificarla de traición, pues es lo que realmente les hicimos. No tuvimos valor para defender su derecho a la autodeterminación, e incluso tutelar la transición a la independencia, como nos obligaba nuestro status de potencia descolonizadora, y han hecho todas las naciones civilizadas con sus protectorados.

Preferimos abandonarles a su suerte, o, mejor dicho, a su desgracia. Marruecos se apoderó del territorio mediante la "Marcha Verde" y España se fue, y no hubo nada. Pese a la visita relámpago de don Juan Carlos, y la promesa de apoyarles y no abandonarles  -desde entonces dejé de confiar en él-, lo cierto es que hicimos exactamente lo contrario: les dejamos tirados, a los pies de los caballos.

Es verdad que la situación española era dramática; el anterior jefe del estado estaba moribundo, don Juan Carlos asumió temporalmente el poder y luego tuvo que volver a dejarlo cuando Franco se recuperó temporalmente y volvió a la jefatura del estado, etc., pero los países que aspiran a ser importantes deben comportarse con seriedad y haciendo gala de cumplir sus compromisos, no solo ante Dios, sino también ante la historia.

De aquellos polvos vinieron estos lodos. La situación lleva visos de no solucionarse nunca. Marruecos ha llenado el Sahara de colonos, para intentar que voten en un hipotético referéndum de autodeterminación, que nunca se celebra. La Misión de las Naciones para el Referéndum de Autodeterminación del Sahara, MINURSO, ha realizado un censo fiable de los saharauis que quedan vivos de los residentes hace treinta y cinco años en los territorios actualmente ocupados, de un censo de alrededor de 70.000 personas, que por el excesivo paso del tiempo lógicamente se va reduciendo, ya que la vida allí es muy dura, y la comunidad internacional, España en primer lugar, mira para otro lado.

Nuestros intereses en el norte de África, Ceuta y Melilla e islas de soberanía, así como los permisos de pesca en aguas marroquíes y saharauis -de las que Marruecos se apropia, negocia y cobra como si fueren suyas- pesan más en la balanza que el Derecho y, sobre todo, la justicia.

¡Pobres saharauis! Mi solidaridad con todos y cada uno de ellos. Ese PSOE que tanto les apoyaba -cuando estaba en la oposición-, ahora pasa olímpicamente de ellos. Así es el PSOE. 

 

Ramiro GRAU MORANCHO,
Jurista y escritor