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Blog del grupo Foro Aragón Liberal, asociado a www.aragonliberal.es y a http://aragonliberal.zoomblog.com; órgano de expresión de la Asociación de amigos de Aragón Liberal. Su filosofía es de un liberalismo impregnado del humanismo cristiano.

18 Agosto 2009

La tregua de Al Qaeda

 Por Ius cogens para Aragón Liberal                                                    

 El pasado jueves, 13 de agosto, tanto la prensa nacional como la extranjera se hacían eco de la oferta de tregua efectuada por el que se considera el número dos en la estructura jerárquica de Al Qaeda, Ayman al-Zawahiri. Proposición que no es sino una réplica de la supuestamente emitida en 2006 por el propio Ben Laden.

    

Tres aspectos me gustaría resaltar sobre las mismas:

    En primer lugar, no se trata exactamente de unas treguas, y ello con independencia de que pueda denominarse así a un posible cese de actividades terroristas en contraposición a una limitación o paralización de acciones militares y policiales llevadas a cabo por los cuerpos armados de estados soberanos. La condición sine qua non para las mismas es inaceptable para los países occidentales: el abandono por parte de las fuerzas armadas de EE.UU, la OTAN y sus aliados de todos los estados musulmanes, especialmente de Irak y Afganistán. Prácticamente equivale a una rendición incondicional. Se ofrece la tregua en unas condiciones que imposibilitan su aceptación; es decir, se emite el mensaje, precisamente, para que no sea atendido, no, por lo menos, en los términos expresados.

    Ello se deriva de la misma composición de la organización terrorista. Al Qaeda, como tal, dispone de escasos miembros. Su expansión como red terrorista global se ha basado en el apoyo mutuo entre su cúpula y grupos insurgentes o terroristas locales, los cuales persiguen objetivos muy concretos y circunscritos a límites geográficos determinados. Como ha puesto de manifiesto Isaac Martín Barbero, del Real Instituto Elcano, Al Qaeda funciona al modo de una marca comercial: da su cobertura, sostén y presta su nombre a las acciones de múltiples actores; pero no ejerce control alguno, o en todo caso muy difuso, sobre ellos. Es difícil, pues, que pueda incluirlos en la tregua; luego, el cese de atentados, debe entenderse limitado a los que pudiesen ser ejecutados por sus propios agentes en los Estados Unidos y en Europa, no a los de sus asociados que seguirían actuando tanto en el mundo musulmán como en Occidente, según conviniese a los intereses de sus tácticas y objetivos.

    Tampoco puede comprometerse de modo más explícito, pues perdería prestigio entre sus aliados, tanto más cuanto que lleva varios años sin poder efectuar un atentado de envergadura en suelo occidental y a que la suerte de las guerrillas a las que apoya en el mundo islámico es en la actualidad bastante dudosa.

    ¿Entonces, cuáles son las razones de este ofrecimiento? Dos son las fundamentales, en mi opinión, y configuran los otros dos aspectos que querría subrayar en este artículo.

    Al Qaeda necesita consolidar políticamente las áreas en las que sus milicias han estado combatiendo durante estos últimos años: los territorios iraquíes y afganos. En el primero, cuenta con que Estados Unidos retirará sus fuerzas en breve y desea configurar un orden político fuerte en torno al segmento de población sunní que le permita imponer su voluntad sobre los chiíes, sino en todo el país, sí en determinadas zonas. El mensaje no sería, pues, retiraos ya de Irak; más bien consistiría en «dejadme las manos libres donde me interese y no habrá atentados». Mudando lo mudable, lo mismo sería predicable respecto a Afganistán: los estados occidentales le permitirían cierta libertad de acción para imponer orden entre el deslavazado moviendo talibán y consolidar su influencia en áreas determinadas, tanto afganas como en la frontera pakistaní.

    Aprovechando la pasividad parcial de sus adversarios, según los términos acordados expresa o tácitamente, además, podría dedicarse con mayor empeño a instaurar con mayor solidez sus células en algunos escenarios en los que convive con la insurgencia etnonacionalista y en los que no logra imponerse debido a la hostilidad con que aquélla le recibe. Baste de ejemplo la pequeña batalla que enfrentó este viernes pasado a la organización Ansar Jund Alá (Los Guerreros de Dios) y a Hamas en la franja de Gaza, y que terminó con la muerte de su líder, el jeque Abelatif  Musa y dieciocho personas más.

    Por último, Al Qaeda que lanzó a principios de esta década una gran ofensiva terrorista se encuentra con la imposibilidad de continuarla con la misma intensidad y, a parte de ello, desea recoger los réditos políticos de la misma. Junto con las armas, siente que ha llegado la hora de la diplomacia, aunque sea de forma encubierta. Esto, a su vez, plantea dos aspectos, uno positivo y otro negativo.

    Consiste el primero en el hecho de que esta hermética organización, de cuya verdadera composición, medios y fines se desconoce casi todo, parece que desea romper el silencio que la rodea y se ofrece a actuar por cauces políticos, como si fuera un sujeto de derecho, un actor en la escena internacional. Esto es, utilizaría los cauces clásicos para plantear y negociar sus reivindicaciones. Su comportamiento sería predecible. A cambio de concesiones, el riesgo de una nebulosa terrorista dispuesta a actuar en cualquier momento, sin atenerse a los criterios lógicos de sus enemigos, disminuiría.

    Como puede comprenderse, el aspecto negativo reside, precisamente, en su reconocimiento, por más que indirecto, de sujeto político. Al Qaeda, gracias al terror y a su sostén a unas guerrillas fanatizadas y crueles, se convertiría de hecho y de modo pseudojurídico, en un actor internacional de alcance global, en la primera organización privada, de tipo político-militar, a la que se reconocería, por vía de hecho, un estatuto similar a un estado.

    El presidente Bush rechazó la oferta de Ben Laden. ¿Hará lo mismo el presidente Obama con la de Al-Zawahiri? Porque si Al Qaeda ve dificultades de lograr la decisión por las armas en Irak y Afganistán, no es menos cierto el deseo del mandatario estadounidense por alcanzar un final rápido a estos conflictos.

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1 comentario · Escribe aquí tu comentario

Ramsés ....

Ramsés .... dijo

Contra esos tipos solo cabe una solución, lo mismo que con cualquier otro grupo terrorista de la identidad o supuesta ideologia (puesto que su verdadera ideologia es matar e imponer sus medidas, nada mas) que sea, la completa ANIQUILACIÓN.

Salu2.

18 Agosto 2009 | 11:27 PM

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