Por: Humberto Vadillo en Aragon Liberal

El plan maestro de Zapatero tras llegar a la Moncloa subido en los trenes de Atocha suponía la liquidación política de la derecha española. Convertir al PP en un partido capitidisminuido condenado a la eterna oposición. Este plan tenía tres partes: el derrumbamiento del electorado del PP, la liquidación de su ideario y aun de su imaginario y finalmente la centrifugación de su liderazgo; todo ello para convertir al PP en un partido residual, uno de esos partidos agrarios cuya función en los regímenes comunistas era adornar la munificencia del "conducator" que toleraba su existencia.


El hecho de que a estás alturas el Partido Popular siga existiendo y esté en condiciones de ganar las elecciones del próximo domingo es el gran fracaso de Zapatero, cuya completa lista de fracasos repasaremos mañana en la segunda parte de este artículo. Es, al mismo tiempo, el gran éxito de Mariano Rajoy y la demostración de la vitalidad y coriacea, casi berroqueña, determinación de sobrevivir de la derecha social española. En su peor hora, tras haber sido humillados e insultados cuando no agredidos, el 11 de marzo del 2004 casi diez millones de españoles acudieron a votar al Partido Popular. Poco después, para estupefacción de progres y analístas políticos Jaime Mayor empataba las elecciones europeas. El plan maestro socialista comenzaba a fallar cuando los votantes decidieron no fallarle a Rajoy y al PP.

Con todo era en la demolición del ideario de la derecha donde se jugaba la partida real. Los votantes podían esperar mientras se les sometía a un lento macerado a traves de los infinitos medios de comunicación al servicio del PSOE. Y aquí es donde se ha entendido tan mal la negociación con la ETA. El objetivo último de la negociación con la ETA nunca ha sido acabar con el terrorismo sino liquidar España. En las negociaciones Zapatero y la ETA se sentaban del mismo lado de la mesa y al otro lado sólo estaba la fría determinación de saber cuanto estaban dispuestos a tragar los españoles. El terrorismo nunca ha preocupado a los sectores de la izquierda radical de los que procede Zapatero porque Zapatero participa de esa visión de unas vascongadas sojuzgadas por el imperalismo español cuya lucha de liberación podrá estar equivocada en forma o en grado pero no en esencia. Por eso Zapatero continua negociando tras los asesinatos de Barajas, por eso Zapatero continuará negociando caso de ganar las elecciones porque el objetivo es común: la separación, que no sería independencia sino pacto leonino de amamantamiento obligatorio del País Vasco a la que seguirían la de Cataluña y Galicia. Esto permitiría crear en España una suerte de "rump state" un estado residual y servicial en el que el PSOE podría gobernar sin oposición los próximos 50 años. La determinada oposición popular al proyecto plasmada en multitudinarias manifestaciones ha impedido, por ahora, la consecución de este objetivo. Es importante hacer notar aquí, por lo que luego habrá de decirse que el ala Piqué-Gallardónica se opuso con todo el denuedo que su lamelibranquia condición habitual les permitía a que el PP se implicara en la defensa de los principios que dice defender el PP. Misterios del centrismo.

Finalmente se esperaba del PP que tuviera la decencia de pulverizarse tanto en sentido geográfico como en las personas de sus líderes. En sentido geográfico una eclosión de jefes de campanario pidiendo la independencia de Cartagena o haciendo vudu sobre los huesos de Bravo, Padilla y Maldonado aseguraría la desaparición del PP y con él de la derecha española transformada en rebatiña de pirañas ucedeas. Aquí es donde Rajoy, lealmente secundado por Zaplana y por Acebes ha demostrado su casta. El candidato zapaterí para oficiar la misa de difuntos por la derecha europea era Gallardón, tan Bellido como Dolfos, tan Dolfos como Bellido que ya trató de traicionar a Aznar en el 96. De repente y para su eterna sorpresa Gallardón se ha encontrado reubicado de jefe de pista del Cirque du Soleil. Juego, set y partido para Rajoy.
He criticado a Rajoy más que muchos. Me preocupa la complacencia con la que acepta ciertas propuestas socialistas, particularmente en cuestiones económicas y cierta falta del instinto depredador que caracterizaba a José María Aznar. Cuestiones menores. Lo cierto es que, tres días antes de unas elecciones cruciales para España la derecha española se encuentra unida y dispuesta a dar la batalla por sus ideales y buena parte del mérito recae en un hombre tímido, bienhumorado y socarrón que ha sabido mantener unido un partido sobre el que recaen todas las esperanzas de supervivencia de la nación española. Sea cual sea el resultado del domingo la derecha española ha encontrado el lider en torno al que unirse.