Politiquerias
Por: Guillermo Urbiuzu en Aragon Liberal
En España la política para unos es bronca, para otros un esperpento, para los de más allá un conglomerado de intereses partidistas o tribulación que hay que sobrellevar. Con la impresión de que el sentir del ciudadano tal cual importa más bien poco.
En España la política para unos es bronca, para otros un esperpento, para los de más allá un conglomerado de intereses partidistas o tribulación que hay que sobrellevar. Con la impresión de que el sentir del ciudadano tal cual importa más bien poco. La política española parece basada en la propaganda y en el compadreo. No salimos del desprecio hacia el que opina de otra forma, o del cosmético afeite, o de la cháchara. O de la memoria “franquenstein” con un toque histriónico de historia prêt-à-porter.
La derecha se acoquina y la izquierda progresa mezquina hacia algún agujero negro del espacio exterior, donde todo esté ya definitivamente del revés o descristianizado en una supuesta ética de la ciudadanía coercitiva. De por medio un miasma nacionalista heterogéneo, que va desde el pícaro sentimental al terrorista criminal. Desde los sofistas del terruño a los ideólogos del odio. Este plato es fuerte, pero nos lo desayunamos todos los días.
Menos mal que nos queda el paisaje de España, la familia (ya saben y por si acaso: hombre, mujer e hijos), los libros, el cine de Garci y la libertad de mandar a casi todos a la mierda. Ahora andan cubriendo el expediente con la bandera y en un repentino e indescriptible amor a nuestro querido rey don Juan Carlos I (Majestad: paciencia). Mientras los que gobiernan se entretienen en comprar librotes del repollo de Al Gore, en demonizar estatuas o en tutelar nuestra vida privada en su tediosa radicalización.
Vamos, toda una maravilla de pericia gubernamental.
PD. Les dejo ahora, que estoy leyendo Cicerón, de Anthony Everitt (Edhasa), y es más interesante. No les vendría mal su lectura a algunos. Por aquello de ejercitar en política la inteligencia.
