Por: Humberto Vadillo en Aragon Liberal el 23.10.2007


Probablemente el peor Ministro de Justicia desde tiempos de Viriato.


El Ministro Bermejo quiere Jueces sin oposición o con menos oposición todavía que Maria Teresa Fernández de la Vega. La propuesta es incluso más siniestra de lo que parece.


Cuando llueve -y en la España de Zapatero no ha dejado de diluviar desde el 11 de marzo-, resulta fácil dejar de notar que alguien se ha asomado a la ventana y al grito de !agua va! ha vaciado sobre uno los enteros contenidos de su nocturna bacinilla.

Ayer el ministro Bermejo anunciaba un plan del gobierno según el cual los licenciados en Derecho con mejores expedientes académicos podrían acceder a la judicatura sin pasar por una oposición. A cambio propone que los posibles jueces pasen tiempo "con programas que tienen mucho que ver con la vida, y no sólo con el Derecho" y cita como ejemplo que pasaran tiempo en los servicios de Urgencias de los hospitales "para que se den cuenta de lo que significa decidir sobre vidas y sobre tratamientos de los que depende la vida". A uno queda la sospecha de que donde Bermejo dice hospital, el cuerpo le pedía decir "a la zafra a cortar caña" pero dejemoslo estar por ahora. La Vicepresidenta del Gobierno, Maria Teresa Fernández de la Vega, ella misma jueza no por oposición sino por la longa manus pecadora y política del cuarto turno, ha rectificado al Ministro, pero se ha cuidado mucho de no descartar categóricamente la esta posibilidad.

La propuesta del Ministro de Justicia es el atentado quizá más grave en un mes en el que el concepto que los españoles podamos tener de la Justicia ha recibido varias andanadas que la han dejado desarbolada y al pairo. En primer lugar el conchabeo avillanado de la propia Fernández de la Vega con la Presidenta del Tribunal Constitucional, por más que éste no sea propiamente un órgano judicial. La segunda tropelía socialista contra la Justicia ha sido el asalto al Tribunal Constitucional en el que se ha convertido la inaudita recusación de dos de dos magistrados que el gobierno, a priori, consideraba contrarios a sus tésis.

Lo que ha dicho Bermejo le inhabilita, a limine, para continuar como Ministro de Justicia y muy probablemente para el ejercicio de la profesión jurídica. Lo que ha dicho Bermejo supone negar toda la tradición jurídica moderna para situarse en un punto a mitad de camino entre la justicia europea en los tiempos de Shakespeare y la Sharia de cualquier época. Apreciese la gravedad: lo que subyace bajo las palabras de Bermejo es feo, antiguo y peludo, la idea de que los jueces no deben juzgar con arreglo a la ley sino con arreglo a la sensibilidad social; en otras palabras la Justicia del Cadí bajo la Palmera: una Justicia de componenda y conciliábulo cuya primera víctima sería la seguridad jurídica. Naturalmente el primer beneficiado sería un gobierno capaz de servirse "Justicia" al dente recién horneada.

En esto, como en casi todo Bermejo el moderno es Bermejo, el cavernícola.